La procesión: el acto más solemne
La
procesión es el acto más solemne de las fiestas. En él se dan cita la
corporación municipal y el cabildo de la catedral, que escoltados por
todas las pamploneses homenajean al santo en un recorrido por el casco
antiguo de la ciudad.
Es quizás una de las tradiciones más arraigadas de los Sanfermines (el
culto a San Fermín fue iniciado en Pamplona-Iruña a finales del siglo
XII, cuando era obispo de esta ciudad Pedro de Artaxona. Fue a finales
del siglo XVI (1.591)cuando las fiestas religiosas de San Fermín se
hicieron coincidir con las Ferias en su honor que se celebraban entre
San Pedro y el 18 de Julio, institucionalizadas por el rey Calos II el
Malo.) Es un acto serio en el que los pamploneses y todo el que quiera
acercarse rinden homenaje al patrón de Navarra (título compartido con
San Francisco de Javier).
La procesión comienza a las 10.00 horas, cuando la Corporación del
Ayuntamiento, escoltada por clarineros, timbaleros, maceros, escolta,
txistularis, gaiteros, comparsa de gigantes y cabezudos y La Pamplonesa
(banda municipal de Pamplona) va a buscar al cabildo de la catedral y
juntos vuelven a la iglesia de San Lorenzo para recoger al santo en su
capilla.
RECORRIDO
Ahí
comienza un recorrido por las calles Mayor y San Antón, plaza del
Consejo, calle San Saturnino y vuelta a la calle Mayor, donde se
deposita la imagen de nuevo en su altar.
Después, Corporación y cabildo regresan a Ayuntamiento y Catedral, a eso
de las dos de la tarde.
Los momentos más emotivos de la procesión se producen cuando a la altura
de la calle San Antón 47 el paso se detiene y se le canta una jota al
santo. Después, en el pocico de San Cernin, dos niños depositan rosas en
la peana del santo y los txistularis tocan el Agur jaunak. Por
último, en el regreso por la calle Mayor, en la última parada, los
Amigos del Arte cantan una jota al santo en medio del silencio más
sepulcral.
Para un pamplonés es un acto imprescindible y, desde luego, para los
visitantes es una cita obligada para conocer la fiesta en toda su
dimensión. Es un acto donde, a diferencia de otros acontecimientos, no
se producen aglomeraciones y cualquier lugar es bueno para apreciarla.
La comparsa de Gigantes y
Cabezudos
Los
gigantes de Pamplona siempre han sido obra de aficionados y de
carpintero-pintores con habilidad pero sin categoría artística. La
excepción fue en 1640, cuando el Ayuntamiento pagó quinietos reales al
sangüesino Gaspar de Ramos por realizar las cinco cabezas de gigantes.
Los gigantes que conocemos actualmente nacieron en 1860 de manos del
artesano pamplonés Tadeo Amorena.
Ese año el Ayuntamiento le encargó la realización de los nuevos
gigantes, que debían ser "sumamente ligeros", "solidez a prueba" y ser
"figuras nobles, de elegantes formas y proporciones". Amadeo realizó
primero los dos gigantes blancos, los reyes europeos, y más tarde le
encargó los otros seis.
Alrededor de los reyes giran los cabezudos, los kilikis y zaldikos. Los
cabezudos son la corte de los gigantes y se añadieron al real cortejo
casi treinta años más tarde. Son los serios del cortejo, no bailan y
caminan lentamente. No tienen nombre especial, son el alcalde, el
concejal, la abuela, el japonés y la japonesa.
Barbas, Patata, Verrugón, Coletas, Caravinagre y Napoleón son los
nombres de los kilikis, el terror de los niños pamplonicas. Excepto El
Barbas y El coletas, que son más antiguos, los demás se construyeron
entre los años 1912 y 1941, aunque no hay noticia del momento en que se
añadieron al cortejo.
En esas mismas fechas se incorporaron los zaldikos o caballicos, medio
bufones, medio pajes. Ninguno de los seis tiene nombre y en las grupas
tienen estampado el escudo municipal. Estos personajes figuran desde
siempre en el folclore tradicional de los pueblos primitivos.
Los fuegos artificiales
Antaño,
los cohetes, lanzados en la Plaza del Castillo, eran los encargados de
iniciar las fiestas de San Fermín. A éstos les seguían los fuegos
japoneses y las tracas. Después de la explosión, los niños luchaban por
hacerse con alguno de los silbatos de hojalata o los caramelos que de
ellos se desprendían. En 1941 se instituyó la explosión del cohete para
dar comienzo a las fiestas, si bien los fuegos artificiales mantuvieron
su importancia en el programa.
Ya en los tiempos
modernos el espectáculo se ha desplazado a diversos
lugares de la ciudad: Taconera, Barracas, Paseo de
Sarasate, Baluarte del Labrit, etc. En la ubicación
actual, la Ciudadela, comenzaron a celebrarse en 1977.
Pamplona invierte unos cuatro millones de pesetas en
distraer gratuitamente la atención al cielo durante las
noches de los Sanfermines. Ahora la quema tiene lugar a
las once de la noche y atrae a miles de espectadores
hasta los alrededores.
Presencia los fuegos desde el mejor lugar
Otra
de las citas diarias ineludibles en San Fermín son los fuegos
artificiales. Pequeños y mayores se agolpan todos los días, del 6 al 14,
a las 23.00 horas en los alrededores de la Ciudadela para ver el
espectáculo de color que ilumina el cielo pamplonés.
Este año es el segundo en el que la exhibición de juegos es a su vez un
concurso en el que se podrá votar a través de Diario de Navarra, lo cual
hace que las pirotecnias traigan sus mejores colecciones para intentar
hacerse con uno de los galardones que se entregarán.
Los mejores sitios para verlosLos mejores sitios para ver los fuegos
artificiales son los que se encuentran en los alrededores de la
Ciudadela, que es desde donde se tiran los fuegos. Esta zona de césped
que rodea al emblemático edificio-monumento pamplonés se llama Vuelta
del Castillo y va desde la Avenida del ejército hasta la Plaza de los
Fueros, rodeando la Ciudadela y lindando con el barrio de Iturrama.
Puedes sentarte en la hierba tomando algo para ver el espectáculo, algo
que hacen habitualmente las cuadrillas de jóvenes como rito iniciador de
las salidas nocturnas sanfermineras. Es lo que hace la mayoría de la
gente. Pero tienes que tener en cuenta que el Ayuntamiento coloca una
valla que delimita el sitio en el que no te puedes sentar. No se debe
cruzar la valla, porque el espacio al que prohíbe la entrada es
peligroso, pues allí caen restos de fuegos.
Otros buenos lugares son el Paseo de Sarasate, y la zona de Autobuses,
aunque desde allí te perderás casi con toda seguridad los fuegos más
bajos y las cascadas de luz que de vez en cuando se deslizan por las
murallas.
Las
peñas: el alma de la fiesta
Las
peñas, activas también durante el resto del año y con local propio, son
unas de las encargadas de animar el ambiente en la calle y, sobre todo,
en los toros. La mayoría de esa gente que has visto alguna vez en
televisión celebrando la fiesta en el tendido de sol pertenecen a una de
las quince peñas sanfermineras que hay en Pamplona.
Música, pancartas y blusasUno de los componentes insustituibles de la
peña es la música, personalizada en su charanga (trombones, trompetas,
saxofones, tuba, platillos, ¡y mucho bombo!), que por la mañana recorre
las calles del Casco Viejo o del barrio al que pertenezca, parando
siempre en algún bar para tomar algo o improvisando un concierto en
medio de cualquier calle.
Cada peña tiene asimismo una pancarta (una para mayores y otra para los
txikis) que viene a simbolizar lo que los ninots en las fallas. En ella
se recoge lo que ha sido el año, con sus personajes visto, cómo no,
desde un punto de vista que ridiculiza las situaciones que se
representan.
Por último, cada peña se distingue por su blusa. Todas ellas lucen una
blusa con un escudo que las diferencia de las demás (El Bronce a cuadros
azules y blancos, San Juan azul...). Hay algunas que incluso llevan un
pañuelo de diferente color al rojo porque lo eligieron antes de los años
50, cuando el rojo se instituyó de alguna manera como color oficial.
Correcalles, toros...El movimiento en las peñas comienza por la mañana,
cuando se echan la pancarta a los hombros y salen a bailar al ritmo de
su charanga a eso de las doce del mediodía por los bares de su barrio o
por los del Casco Viejo.
Pero cuando más se dejan notar, al menos de cara al exterior, es en los
toros. Las peñas llegan a un tendido de sol vacío y lo inundan de color,
de música ruidosa, de cánticos y, cómo no, de comida y de sangría. Son
tres horas de diversión al límite (quien haya estado puede corroborarlo)
en las que no hay quien pare de bailar y de cantar al ritmo de los vasos
de sangría.
Después de los toros, todas las peñas salen una tras otra por el
callejón de la plaza al ritmo de las pancartas y las charangas en lo que
se llama la 'Salida de las peñas'. De allí cada una se dirige a su sede,
donde las pancartas y los instrumentos dormitarán hasta la mañana del
día siguiente. Sin embargo, los mozos y mozas de las peñas se dirigen a
cenar en sus locales, casi todos en la zona de la calle Jarauta, que
durante los Sanfermines se convierten en los bares de moda que
acogen durante toda la madrugada la verdadera marcha sanferminera.
Para que sepas cómo se llaman, aquí las tienes a todas, con su año de
fundación entre paréntesis:
La Única (1903), Muthiko Alaiak (1931), El Bullicio Pamplonés (1932), La
Jarana (1940), Oberena (1941), Aldapa (1947), Anaitasuna (1949), Los del
Bronce (1950), Irrintzi (1951), Alegría de Iruña (1953), Armonía
Txantreana (1956), Donibane (1977), La Rotxa (1978), 7 de julio San
Fermín (1979) y San Jorge (1980).
Las
Dianas: Pide tu canción
Su
origen data de 1876. Ese año el periódico "El Eco de Navarra" sugirió
que una banda de música recorriera las calles de la ciudad a las cinco
de la mañana (el encierro era a las seis) para despertar al vecindario.
El Ayuntamiento aceptó la idea y de esta forma, en la madrugada del 7 de
julio de 1876 se interpretaron las primeras dianas pamplonesas.
La Pamplonesa, banda municipal de Pamplona,
es quien pone música a la fiesta: en el Chupinazo, en la Plaza del
Castillo, en los toros, y, cómo no, en las dianas. ¿Que qué son las
dianas? Muy simple.
La banda, todos los días, del 7 al 14 de julio, a eso de las 6.45 de la
mañana, sale a la calle a despertar con su música a una ciudad que en
realidad, a esas horas, todavía no se ha echado a dormir. La gente, para
entonces, ya espera la salida y, nada más salir, rodea a la banda y la
acompaña en su recorrido mañanero.
Así, La Pamplonesa pone la música y la gente que la rodea las letras,
muchas de las cuales son ya auténticos 'clásicos'. Es el caso, del
gloriosos 'Churros, churros', 'Todos los curas suelen venir...' o
'Quinto levanta'. Además, podrás comprobar cómo, cuando la banda deja de
tocar, el momento es aprovechado por la masa social para hacer
peticiones: '¡La uno, La cinco!'. Peticiones que, aunque no tengan mucho
criterio, pues los números no corresponden en realidad a ninguna canción
en concreto, la banda atiende gustosa, interpretando la canción que
surja en el momento.
Tú también puedes animarte y pedir tu canción. Quizás te complazcan o
quizás no. En cualquier caso, la improvisación y la diversión están
aseguradas en ese tiempo que media entre la bajada de persiana de los
bares y el comienzo del encierro.
El
Riau-Riau
La
costumbre de tratar de obstaculizar la marcha de autoridades municipales
se remonta a 1914, cuando el carlista Ignacio Baleztena obstruyó el paso
de un alcalde de distinto signo político al suyo coreando el Vals de
Astráin. En la II República el acto fue suspendido debido al carácter
religioso del mismo por un pasacalles de "La Pamplonesa".
Durante décadas la distancia
entre el Consistorio y la iglesia de San Lorenzo se cubría en unos
sesenta minutos, aunque a partir de mediados de los sesenta la duración
se disparó. En 1972 el alcalde Javier Rouzaut suspendió la marcha de la
Corporación Municipal por la imposibilidad de proseguir el paso. El
récord se registró en el Riau Riau de 1980 con cinco horas y veinticinco
minutos.
El acto volvió a ser suspendido
en 1982, y desde entonces hasta 1991 sólo consiguió completarse en 1985,
año en que tuvo una duración de tres horas y media. Hasta 1989, el
comienzo del Riau-Riau estaba programado a las 4,30 de la tarde, pero a
partir de entonces se retrasó una hora. La comitiva municipal no llegó a
salir del Ayuntamiento ni en 1984 ni en 1991, fecha en que se registró
un intento de asaltar el Consistorio por parte de un grupo de radicales.
A partir de aquel año y con la única excepción de 1996, que resultó un
fracaso, se suspendió del programa de actos la marcha de autoridades
municipales, pero no así las Vísperas, que se siguen celebrando en la
capilla de San Fermín de la iglesia de San Lorenzo
*Textos y fotos de
Diario De Navarra
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